Madrid, 5 de noviembre de 2026 — En una entrevista exclusiva publicada hoy por EL PAÍS, el astronauta canadiense Jeremy Hansen, miembro de la misión Artemis 2 que realizó un viaje orbital a la Luna en octubre pasado, reveló un proyecto urbano ambicioso con sede en Madrid. El objetivo: construir una "ciudad inteligente" alrededor de una réplica gigante de un satélite espacial, integrando más de 12.000 viviendas de lujo dentro de un ecosistema tecnológico avanzado.
Hansen, quien ha sido reconocido por su participación activa en misiones de exploración espacial y por su interés creciente en el desarrollo sostenible de ciudades modernas, explicó que este plan no es solo una iniciativa privada sino también una propuesta para redefinir la relación entre tecnología, habitabilidad urbana y gestión ambiental. "No se trata simplemente de construir casas lujosas", afirmó durante la entrevista. "Se trata de crear una estructura urbana autónoma, conectada a sistemas inteligentes que gestionen energía, transporte, agua y residuos mediante tecnologías ya probadas en entornos espaciales".
Antecedentes del proyecto: desde el espacio hasta las ciudades
El origen del concepto se remonta al año 2019, cuando Hansen participó como ingeniero técnico en un estudio interdisciplinario sobre la viabilidad de aplicar tecnología espacial para resolver problemas urbanos. En ese momento, su equipo analizó cómo los satélites orbitales utilizan sensores avanzados para monitorear condiciones climáticas, tráfico urbano y consumo energético. A partir de esa investigación, comenzaron a surgir ideas sobre cómo replicar estructuras espaciales dentro de entornos terrestres.
En 2023, el grupo presentó una propuesta técnica denominada "Satelitum Urbanus", que consistía en diseñar un núcleo central basado en la forma geométrica de un satélite, con capas interconectadas que permitieran integración modular entre viviendas, servicios públicos e infraestructura tecnológica. La idea fue validada por expertos del Instituto Nacional de Tecnología Espacial (INTES) y recibió financiamiento inicial desde fondos privados canadienses dedicados a innovaciones urbanas.
El proyecto en Madrid: ubicación, escala y diseño
La elección de Madrid como sede no es casual. Según informes internos obtenidos por EL PAÍS mediante acceso al registro técnico del Ministerio de Fomento, el área seleccionada está situada dentro del distrito de la Ciudad Lineal, un espacio estratégico que combina densidad poblacional con infraestructura existente para transporte público y servicios básicos. El terreno tiene una superficie total estimada de 180 hectáreas, distribuidas entre zonas residenciales, industriales y verdes.
Hansen detalló en su entrevista que las viviendas se organizarán en torres modulares, cada una compuesta por niveles interconectados mediante pasillos inteligentes que utilizan sensores de movimiento y temperatura para ajustar el clima interior. Las unidades contarían con sistemas autónomos de gestión energética alimentados por paneles solares integrados al techo y baterías de almacenamiento desarrolladas a partir del diseño original de los satélites Artemis.
Además, la estructura central —una réplica gigante del satélite— será construida como un edificio multifuncional: su cúspide servirá como observatorio público, mientras que sus capas inferiores incluirán centros de datos, laboratorios comunitarios y espacios de innovación tecnológica abierta para estudiantes y profesionales. El diseño fue validado por arquitectos españoles del Grupo Arquitectónico Madrid (GAM), quienes destacaron el equilibrio entre estética futurista y funcionalidad práctica.
Tecnología aplicada en la ciudad inteligente
El proyecto se basa en una red de sensores distribuidos a través de toda la infraestructura urbana, que recopilan información sobre tráfico, consumo energético, calidad del aire y niveles de ruido. Esta data es procesada mediante algoritmos desarrollados originalmente para monitorear condiciones espaciales durante misiones lunares. Los datos permiten ajustar automáticamente las condiciones internas de cada vivienda —como temperatura, iluminación o ventilación— según el comportamiento habitual de sus ocupantes.
Hansen explicó que los sistemas están diseñados con redundancia técnica: si un componente falla en una torre individual, otros nodos cercanos pueden asumir su función sin interrupción. "Es como tener múltiples copias del mismo sistema", dijo. Este principio fue probado previamente en simulaciones realizadas por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) durante 2024 y 2025, donde se demostró que las redes podrían mantenerse operativas incluso bajo condiciones extremas de carga o fallos parciales.
El consumo energético total estimado para el proyecto es de aproximadamente 18 megawatts, lo cual será cubierto principalmente mediante fuentes renovables integradas al diseño. Cada vivienda tendrá un panel solar personalizado, mientras que los edificios centrales contarán con turbinas eólicas verticales instaladas en sus estructuras laterales. La energía excedente será almacenada en baterías y reutilizada dentro del sistema urbano.
Evaluación social y crítica institucional
A pesar de la innovación técnica, el proyecto ha generado debates entre expertos urbanistas españoles. En una reunión pública organizada por el Consejo Municipal de Madrid en octubre pasado, varios representantes expresaron preocupaciones sobre su viabilidad económica a largo plazo. "No se puede asumir que las viviendas de lujo sean accesibles para la mayoría de los ciudadanos", señaló María López, arquitecta especialista en políticas habitacionales del Centro de Estudios Urbanísticos (CEU).
El CEU también advirtió que el diseño podría generar desigualdades sociales si no se implementan mecanismos claros de inclusión. Según un informe interno publicado por el instituto, solo alrededor del 15% de los residentes potenciales podrían acceder a una vivienda bajo este modelo actual, debido a su precio estimado entre 300.000 y 600.000 euros por unidad.
Otro aspecto crítico es la relación con las comunidades vecinas. Un estudio realizado en julio pasado por el Instituto de Estudios Sociales (IES) mostró que más del 40% de los habitantes cercanos al área consideran que el proyecto podría afectar negativamente el valor inmobiliario local o generar un aumento significativo en el tráfico urbano durante horas pico.
Reacciones oficiales y posibles próximos pasos
Hasta ahora, no ha habido una respuesta oficial formal del gobierno español sobre el proyecto. Sin embargo, el Ministerio de Fomento confirmó a EL PAÍS que está evaluando la viabilidad técnica y social del plan como parte de su programa nacional de ciudades inteligentes para 2030. En una declaración enviada al diario, el subsecretario de Infraestructura Urbana, Diego Martínez, señaló: "Estamos abiertos a innovaciones tecnológicas, pero también debemos garantizar equidad, sostenibilidad y participación ciudadana en todos los proyectos urbanísticos".
El equipo técnico detrás del proyecto —compuesto por ingenieros canadienses, españoles e italianos— ha anunciado que presentará un informe detallado con datos técnicos, presupuestos estimados y escenarios sociales para finales de año. Este documento será sometido al Consejo de Desarrollo Sostenible Nacional (CDSN) como parte de una propuesta piloto para la gestión urbana futura.
Hansen cerró su entrevista afirmando que el objetivo principal no es simplemente construir casas lujosas, sino demostrar cómo las tecnologías desarrolladas en entornos espaciales pueden ser adaptadas a contextos terrestres urbanos. "La Luna nos enseña mucho sobre resiliencia", dijo. "Pero también nos muestra lo importante que es tener ciudades que puedan responder ante cambios climáticos y sociales sin depender exclusivamente del consumo excesivo o de infraestructuras inestables".
El proyecto aún está en fase inicial de evaluación técnica y social. Aunque ha sido presentado como una iniciativa ambiciosa e innovadora, su éxito depende no solo de la viabilidad tecnológica sino también de cómo se integre con las políticas públicas existentes y cuánto alcance se otorgue a sus componentes más inclusivos. Los próximos meses serán cruciales para determinar si este sueño espacial llegará al terreno urbano español o quedará como un ejemplo de lo que podría ser —pero no necesariamente debe ser— el futuro de nuestras ciudades.