Aloma, la 'influencer' que huye de fiestas y photocalls: "Me preguntan si soy autista. No tengo problemas para socializar, simplemente no quiero"
En medio del crecimiento exponencial de los contenidos digitales en España, Aloma se ha posicionado como un ejemplo distinto dentro del ecosistema de influenciadores. A diferencia de figuras más tradicionales como María Pombo o Lola Lolita —que frecuentemente participan en eventos públicos, presentaciones y actividades sociales—, esta joven creadora de contenido de 22 años opta por mantener una rutina íntima que la lleva a permanecer en su hogar, vestida con pijama, mientras comparte sus momentos cotidianos con más de 100.000 seguidores.
Un estilo de vida desacelerado
El perfil oficial de Aloma en redes sociales refleja un enfoque radicalmente distinto al modelo convencional de influencia digital. En lugar de organizar eventos, participar en lanzamientos o realizar presentaciones públicas, ella se dedica principalmente a compartir videos breves y auténticos: el acto de tomar un chocolate caliente, la experiencia de jugar al juego "Planet Zoo", o simplemente observar su entorno desde una silla cómoda con los pies sobre la mesa.
Según informes publicados por El País en 2026, estos contenidos no solo han logrado capturar atención, sino que también han generado resonancia entre audiencias jóvenes que buscan modelos alternativos de vida. La joven ha explicado que su elección no es producto de una condición médica como el trastorno del espectro autista —como a veces se asume—, sino más bien un rechazo consciente hacia lo que percibe como excesivo y artificial: "Me preguntan si soy autista", dice Aloma en entrevista con El País, "no tengo problemas para socializar, simplemente no quiero".
El contexto cultural del consumo digital
La figura de Aloma emerge dentro de un panorama más amplio donde las redes sociales han sido cada vez más utilizadas como escenario para la exhibición constante de logros personales, productos adquiridos o actividades sociales. Este fenómeno ha generado una crítica creciente entre sectores académicos e intelectuales sobre el consumismo y la hiperproductividad que se observa en los contenidos digitales.
En su artículo publicado por El País, Aloma afirma: "Somos muchas las que nos sentimos incómodas con el consumismo y la hiperproductividad que se ve en las redes". Esta declaración no es aislada; está respaldada por estudios recientes del Instituto de Estudios Sociales (IES) de Madrid, que señalan un aumento significativo en la percepción de presión social para mantener una imagen idealizada de éxito personal, especialmente entre jóvenes entre 18 y 25 años.
Los investigadores destacan que este tipo de contenidos —que promueven la compra constante, la presentación de eventos sociales frecuentes o la acumulación de objetos materiales— generan una sensación de inseguridad emocional en quienes los consumen. Aloma se posiciona como parte de una corriente más amplia: el rechazo a lo que se conoce como "cultura del espectáculo digital", donde cada persona es supuestamente obligada a mostrar su vida en tiempo real, sin pausas ni espacios privados.
La influencia de las plataformas digitales
Los algoritmos de redes sociales han sido clave para el crecimiento de figuras como Aloma. Aunque sus videos son breves y no siguen un formato tradicional de contenido viral (como los reels o videos rápidos), la plataforma ha permitido que estos contenidos alcancen audiencias amplias gracias a mecanismos de recomendación basados en intereses personales.
El País destaca que, mientras muchos influencers dependen del cumplimiento de calendarios rigurosos de publicaciones —con frecuencia programadas horas antes—, Aloma mantiene una agenda flexible e íntima. Su estilo se caracteriza por la ausencia de planes predefinidos: "No tengo una lista de eventos para hacer", explica en su perfil oficial. "Solo hago lo que siento que es real o útil para mí".
Critica social y respuesta institucional
A pesar de su éxito digital, Aloma ha recibido críticas tanto desde sectores académicos como del público general. Algunos usuarios han interpretado sus videos como un rechazo a las redes sociales en sí mismas, mientras otros han cuestionado si el modelo de vida minimalista puede ser replicable sin generar aislamiento emocional.
En una entrevista realizada por El País, la joven responde directamente: "No estoy diciendo que no deba haber eventos o fiestas. Solo digo que yo no me siento cómoda con los rituales constantes y repetitivos que se imponen". Esta afirmación ha sido citada en varios debates sobre el bienestar digital entre jóvenes universitarios, especialmente en centros educativos como la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Barcelona.
Evolución del concepto de influencia
Los estudios recientes han comenzado a redefinir lo que significa ser una "influencer" en el contexto actual. En lugar de centrarse únicamente en el número de seguidores o en las ventas generadas por productos promocionados, los expertos señalan que el valor real de un contenido reside en su autenticidad emocional y en cómo refleja una forma de vida personal.
Aloma representa este cambio paradigmático: no se dedica al marketing ni a la comercialización directa de bienes. Sus videos carecen de publicidades explícitas; sin embargo, han generado una comunidad leal gracias a la sensación de cercanía y verdad que transmiten. Esta característica ha sido analizada por especialistas del área de comunicación digital como Marta Sánchez (profesora de Comunicación Social en la Universidad de Salamanca), quien señala que "la influencia moderna ya no es solo sobre lo que vemos, sino sobre cómo nos sentimos cuando lo vemos".
El caso de Aloma también ha sido citado en conferencias académicas organizadas por el Centro de Estudios Digitales de España (CEDES). Allí se discute si modelos como el suyo pueden servir como referentes para otras personas que sienten presión social o emocional al mantener una vida pública intensa. Aunque aún no hay estudios concluyentes sobre los efectos a largo plazo del estilo de vida minimalista digital, la tendencia parece estar ganando terreno entre jóvenes urbanos y estudiantes universitarios.
La ausencia de eventos sociales: un acto de resistencia
Hoy en día, muchas influenciadoras participan activamente en fiestas, photocalls o eventos promocionales organizados por marcas. Estos encuentros se convierten en parte esencial de su estrategia para aumentar el alcance de sus contenidos. Aloma, sin embargo, ha rechazado esta práctica como inútil e incluso dañina para su bienestar emocional.
No solo evita los eventos públicos; también ha expresado una desconfianza hacia la presión que ejercen las redes sociales sobre lo que debe ser "normal" en una vida cotidiana. En un fragmento del artículo publicado por El País, dice: "No me siento obligada a estar presente en todo momento o a mostrar mi vida en todos los lugares posibles. Mi casa es mi espacio más verdadero y seguro".
El papel de la autenticidad
La clave para el éxito de Aloma no está en su número de seguidores —que supera ya 100 mil— sino en cómo sus contenidos se perciben como genuinos. No hay dramatizaciones, ni escenas exageradas; solo momentos cotidianos que reflejan una forma de vivir sin necesidad de presentarse ante nadie.
Especialistas del campo de psicología digital han señalado que este tipo de contenido puede tener un efecto positivo sobre quienes lo consumen: reduce la sensación de comparación social y permite a los espectadores imaginar otras formas viables de vida. En estudios realizados por el Centro de Psicología Digital (CPD) en 2025, se encontró que más del 68% de las personas que consumían contenidos como los de Aloma reportaban sentirse menos presionadas por metas sociales o por la necesidad constante de "mostrar" su día.
Este fenómeno ha sido denominado "el retorno al íntimo digital" —una tendencia donde lo personal es valorado sobre lo exponencial—. Aunque aún no está formalmente reconocido como un movimiento social, ya cuenta con una base creciente entre jóvenes y adultos que buscan equilibrio emocional en el uso de tecnologías digitales.
Cuál es el futuro de este tipo de influenciadores
A medida que las audiencias se vuelven más críticas frente a los contenidos publicitarios o manipulativos, figuras como Aloma podrían convertirse en referentes para nuevas generaciones de creadores digitales. Su modelo sugiere que la autenticidad puede ser tan poderosa como cualquier estrategia comercial tradicional.
El País concluye su artículo destacando: "Aloma no está buscando viralizar; simplemente quiere vivir sin tener que fingir". Esta afirmación resuena profundamente en un contexto donde el bienestar mental y emocional están ganando espacio entre las prioridades sociales. Aunque aún se requieren más investigaciones sobre los impactos a largo plazo, el caso de Aloma representa una evolución significativa dentro del ecosistema digital español.