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Diez años después de que las FARC abandonaran las armas y de que Juan Manuel Santos recibiera el Premio Nobel de la Paz, el expresidente de Colombia se encuentra en medio de una reflexión profunda sobre un mundo que, según él, parece haber olvidado el valor de la negociación. En una entrevista publicada por El País, Santos expresa su preocupación por la creciente polarización política, la desconfianza entre actores del poder y la pérdida de sentido de las reglas internacionales que históricamente han permitido la resolución pacífica de conflictos.
El camino de la paz: un proceso de décadas
El proceso de paz entre las FARC y el gobierno colombiano fue uno de los más largos y complejos en la historia de América Latina. Comenzó en 2012, cuando el entonces presidente Juan Manuel Santos anunció el inicio de las negociaciones formales con las FARC, grupo armado que había estado en conflicto con el Estado colombiano durante más de cinco décadas. Aunque las conversaciones se iniciaron en 2012, el acuerdo final fue firmado en 2016, tras más de cuatro años de reuniones, acuerdos intermedios y múltiples obstáculos políticos.
El acuerdo de paz, conocido como el Acuerdo de Paz de 2016, estableció la disolución de las FARC como organización armada, la entrega de las armas y el reconocimiento de derechos sociales, económicos y políticos para los sectores afectados por el conflicto. Este acuerdo fue ratificado por el Congreso colombiano y aprobado por el pueblo mediante referéndum en 2016, lo que lo convirtió en un proceso democráticamente validado.
El reconocimiento internacional fue significativo: Santos recibió el Premio Nobel de la Paz en 2018, siendo el primer presidente de Colombia en obtener dicho galardón. La decisión del Comité Nobel fue motivada por el esfuerzo de Santos en promover la paz mediante negociación, en lugar de recurrir a la violencia o a la represión.
Un mundo que olvida la negociación
En su reflexión, Santos señala que el mundo actual parece haber perdido el valor de la negociación como herramienta fundamental para resolver conflictos. Aunque el mundo ha vivido momentos de tensión política, como las guerras en Siria, Ucrania o el conflicto en el norte de África, el enfoque dominante sigue siendo la confrontación directa, la guerra o el uso de la fuerza.
El expresidente destaca que, en lugar de buscar soluciones mediante diálogo, muchos gobiernos y líderes políticos recurren a la manipulación, la desinformación y la polarización para consolidar su poder. Esto, según él, genera un entorno en el que las soluciones pacíficas son vistas como débiles o ineficaces, lo que alimenta ciclos de violencia y desconfianza.
El ejemplo de Colombia, en su opinión, demuestra que es posible construir un acuerdo duradero mediante el diálogo, la transparencia y el compromiso de todos los actores involucrados. Sin embargo, este modelo no se ha extendido a otros contextos, especialmente en regiones donde la violencia sigue siendo una herramienta de poder.
El poder y la desconfianza
Santos analiza cómo el poder en el mundo moderno se ha transformado. En lugar de ser ejercido mediante el respeto a las reglas y a los acuerdos, el poder se construye a través de la manipulación de la opinión pública, el control de medios y la creación de divisiones sociales.
El expresidente señala que la desconfianza entre gobiernos, sectores políticos y ciudadanos ha crecido exponencialmente. Esta desconfianza se alimenta por la percepción de que los líderes no actúan en interés colectivo, sino en beneficio de sus propios intereses o de grupos específicos.
En este contexto, el poder se vuelve más individualista y menos institucional. Santos critica que muchos líderes actúan como