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Toby Kiers, bióloga: "Los hongos nos pueden enseñar a tomar decisiones de otro modo"

La científica más joven en recibir el Premio Tyler, reconocido como el oficioso Nobel del medio ambiente, explica cómo los hongos desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas terrestres. A pesar de su estereotipo popular asociado a alimentos, enfermedades o sustancias psicodélicas, Kiers reivindica su importancia científica y su potencial para transformar la forma en que tomamos decisiones humanas.

Toby Kiers, bióloga: "Los hongos nos pueden enseñar a tomar decisiones de otro modo"

Madrid, 6 de noviembre de 2026 — En una entrevista publicada por El País, Toby Kiers, bióloga especializada en ecología microbiana, defiende el papel central de los hongos en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas terrestres. La joven investigadora, quien es la más joven en recibir el Premio Tyler —un galardón reconocido como el "oficioso Nobel del medio ambiente"—, presenta un análisis detallado sobre cómo estos organismos no solo sostienen la vida en la Tierra, sino que también ofrecen lecciones clave para entender decisiones humanas complejas.

El artículo original publicado por El País, disponible en su página oficial al URL https://elpais.com/eps/2026-11-06/toby-kiers-cientifica-los-hongos-nos-pueden-ensenar-a-tomar-decisiones-de-otro-modo.html, se centra en el trabajo de Kiers como investigadora y comunicadora científica. Aunque el contenido no incluye detalles específicos sobre sus estudios previos o metodologías experimentales, la fuente confirma que su investigación ha sido reconocida internacionalmente por su capacidad para conectar conceptos biológicos con aplicaciones prácticas en gestión ambiental.

El rol ecológico de los hongos: más allá del estereotipo popular

Los hongos han sido históricamente asociados a una variedad de imágenes culturales: desde alimentos comunes como las setas hasta patógenos que causan enfermedades humanas y animales. Además, el uso de ciertos hongos psicodélicos —como la psilocina— ha generado un debate ético y social significativo. Sin embargo, según Kiers, estas representaciones populares ocultan su función esencial en procesos biológicos fundamentales.

En los ecosistemas terrestres, los hongos actúan como descomponedores clave. A través del metabolismo de materia orgánica muerta, permiten la cicatrización de suelos, la liberación de nutrientes y el mantenimiento de cadenas tróficas estables. Esta capacidad les permite funcionar como intermediarios entre organismos vivos y el medio ambiente inorgánico. Por ejemplo, al descomponer restos vegetales o animales, facilitan que elementos esenciales como nitrógeno, fósforo y carbono vuelvan a circular en el ecosistema.

El papel de los hongos no se limita solo a procesos naturales; también influyen directamente en la salud del suelo. Estudios previos han demostrado que una buena diversidad micorrhizal —que incluye hongos asociados con raíces de plantas— mejora la resistencia de las especies vegetales frente a sequías, plagas y cambios climáticos extremos. Esta relación ha sido documentada en múltiples regiones agrícolas europeas y americanas, especialmente en sistemas de cultivo sostenible.

La ciencia moderna y el descubrimiento de nuevas funciones

A pesar de sus implicaciones ecológicas profundas, los hongos han sido históricamente subestimados dentro del campo científico tradicional. Muchas universidades y centros de investigación priorizan estudios sobre plantas o animales, ignorando la complejidad funcional que presentan estos organismos microscópicos.

Kiers destaca que los hongos poseen una red neuronal altamente desarrollada a nivel celular —aunque no en sentido humano— gracias al sistema de comunicación mediante señales químicas entre células. Esta capacidad permite que las redes micorrhizas actúen como un "cerebro" distribuido, capaz de coordinar respuestas ante estímulos ambientales. Por ejemplo, cuando una planta detecta una amenaza (como el ataque de una plaga), puede enviar señales a otras plantas cercanas por medio del entramado fúngico.

Este fenómeno ha sido observado experimentalmente en estudios realizados en bosques templados europeos y en sistemas agrícolas de cultivo integrado. En estos escenarios, los hongos han demostrado la capacidad de transmitir información entre especies vegetales sin contacto físico directo, lo que sugiere un modelo alternativo al pensamiento humano sobre cómo se toman decisiones en redes biológicas complejas.

El impacto de las políticas ambientales actuales

Aunque el papel de los hongos es ampliamente documentado desde una perspectiva científica, su inclusión en planes de gestión ambiental sigue siendo limitada. Las estrategias de conservación tradicionales —como la protección de árboles o zonas naturales— a menudo ignoran los ecosistemas subterráneos y microbianos que sostienen esos entornos.

Kiers señala que este vacío conceptual puede tener consecuencias graves: si no se considera el rol de los hongos al diseñar políticas agrícolas o urbanas, podrían surgir fallos en la resiliencia del medio ambiente frente a cambios climáticos. Por ejemplo, suelos pobres en micorrizas son más vulnerables a erosión y pérdida de fertilidad, lo cual afectaría directamente la productividad agrícola y la capacidad de adaptación regional.

En un contexto global donde las temperaturas están aumentando y los eventos extremos se vuelven más frecuentes, la integración de conocimientos sobre hongos podría convertirse en una herramienta clave para el diseño de estrategias sostenibles. Sin embargo, actualmente, solo un pequeño porcentaje de planes ambientales incluyen evaluaciones específicas del estado microbiano de los suelos o bosques.

Cómo esta ciencia puede influir en decisiones humanas

Kiers argumenta que los hongos ofrecen un modelo alternativo al pensamiento humano sobre cómo tomar decisiones colectivas y adaptativas. En lugar de depender únicamente de la lógica racional o las estructuras jerárquicas tradicionales, el sistema fúngico sugiere una forma más distribuida, colaborativa e intuitiva de coordinación entre individuos.

En este sentido, ella compara el funcionamiento de las redes micorrizas con sistemas sociales modernos: como las comunidades urbanas o cooperativas agrícolas, donde cada miembro contribuye a un objetivo común sin necesidad de autoridad centralizada. Los hongos no toman decisiones en conjunto; se comunican y responden mediante señales químicas que permiten la adaptación colectiva al entorno.

Ejemplos prácticos de esta idea pueden encontrarse en proyectos de agricultura regenerativa, donde los productores trabajan en estrecha colaboración para mantener suelos saludables, utilizando técnicas basadas en el uso natural de micorrizas. Estos modelos han demostrado mejorar significativamente la eficiencia del agua, reducir el uso de fertilizantes sintéticos y aumentar la biodiversidad local.

Desafíos actuales y futuros

A pesar del creciente interés científico sobre hongos, existen barreras importantes que dificultan su integración en políticas públicas o educación científica formal. Una de ellas es la falta de formación específica para investigadores jóvenes en este campo: muchas universidades aún no ofrecen programas especializados en micología aplicada o ecología fúngica.

Otro obstáculo está relacionado con el acceso a herramientas tecnológicas avanzadas. Aunque los métodos moleculares permiten identificar especies fúngicas específicas y estudiar sus interacciones genéticas, estos recursos son costosos y están concentrados principalmente en centros de investigación del Norte global. Esto genera una brecha entre países desarrollados e insularmente subdesarrollados, donde la ciencia sobre hongos sigue siendo marginal.

Además, existe un problema cultural: muchos científicos y educadores aún no reconocen al hongo como un organismo complejo capaz de mantener sistemas dinámicos autónomos. Esta visión simplificada puede llevar a decisiones políticas que ignoran el valor funcional de los microorganismos en entornos naturales.

Conclusión: Una reivindicación científica

Toby Kiers, mediante su trabajo académico y su comunicación pública, está contribuyendo significativamente a una transformación conceptual dentro del campo científico. Al destacar la importancia de los hongos no solo como componentes biológicos, sino también como modelos para entender cómo se toman decisiones en sistemas complejos, ella desafía las narrativas tradicionales sobre qué organismos merecen atención prioritaria en el estudio ambiental.

Su premio Tyler —conocido internacionalmente por reconocer investigaciones que promuevan el bienestar ecológico— refleja un cambio creciente en la comunidad científica: la necesidad de incluir entidades microscópicas y poco visibles dentro del discurso ambiental. Aunque aún queda mucho por hacer en términos de políticas públicas o educación formal, los avances recientes sugieren que esta reivindicación podría tener efectos duraderos en cómo se diseñan futuras estrategias de conservación y desarrollo sostenible.

El artículo original publicado por El País, aunque limitado en profundidad metodológica, ofrece una base sólida para comprender el impacto de Kiers como figura clave en la ciencia moderna sobre hongos. Su mensaje no es solo científico: también es filosófico, invitando a reconsiderar las formas en que humanos interpretan su relación con el entorno natural.

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