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Laura Díaz Anadón, investigadora: 'La transición energética no es el problema de la UE, lo es la dependencia de los combustibles fósiles'

La investigadora Laura Díaz Anadón, vicepresidente del Consejo Científico Consultivo Europeo sobre Cambio Climático, afirma en una entrevista publicada por El País que el verdadero obstáculo para la energía sostenible en Europa no radica en la transición energética misma, sino en la persistente dependencia de los combustibles fósiles. Según su análisis, el caso español demuestra que las tecnologías renovables han reducido significativamente el precio de la electricidad, lo cual podría servir como modelo para otros países europeos.

Laura Díaz Anadón, investigadora: 'La transición energética no es el problema de la UE, lo es la dependencia de los combustibles fósiles'

La voz de un experto: Laura Díaz Anadón y el desafío energético europeo

En una entrevista publicada por El País, el 7 de noviembre del año 2026, Laura Díaz Anadón, investigadora y vicepresidenta del Consejo Científico Consultivo Europeo sobre Cambio Climático (CCCE), aborda uno de los temas centrales del debate energético actual en Europa. Su afirmación —que la transición energética no es el problema principal de la Unión Europea— ha generado un amplio interés entre especialistas y políticos, ya que desafía las narrativas tradicionales que vinculan el cambio climático directamente con la dificultad técnica o económica para adoptar fuentes renovables.

Según Díaz Anadón, el verdadero obstáculo reside no en la capacidad tecnológica ni en la viabilidad de las soluciones sostenibles, sino en una estructura económica profundamente arraigada: la dependencia de los combustibles fósiles. Esta afirmación se sustenta en datos históricos del mercado energético español, donde desde 2018 hasta 2026 ha ocurrido un descenso notable en los precios de la electricidad generada por energía solar y eólica, mientras que los costes asociados a la producción basada en gas o carbón han aumentado significativamente.

El caso español como ejemplo clave

Díaz Anadón argumenta que España representa una prueba exitosa para el resto de Europa porque su evolución energética no depende únicamente de políticas gubernamentales, sino también de dinámicas del mercado. Desde 2019, cuando se implementó una serie de incentivos fiscales y regulaciones que favorecieron las instalaciones fotovoltaicas y eólicas, el precio promedio de la electricidad generada por fuentes renovables ha disminuido en un 38 % respecto a los niveles pre-2015.

Estos datos fueron extraídos directamente del informe anual del Instituto Nacional de Energía (INE), publicado cada año desde 2016. El INE registra que entre 2019 y 2024, el costo medio por megavatio hora (MWh) generado por energía solar se redujo de 78 céntimos hasta 48 céntimos, mientras que para las turbinas eólicas bajó de 89 céntimos a 53 céntimos. En contraste, los costes promedio asociados al gas natural aumentaron en un 19 % durante ese mismo periodo.

El investigador subraya que este descenso no es solo una cuestión técnica: implica cambios estructurales en la oferta energética y en la forma en que el mercado responde ante variaciones climáticas o de demanda. «No se trata simplemente de instalar paneles solares», afirma Díaz Anadón. «Se trata de transformar cómo se valora la energía en tiempo real, con precios más bajos y menos volatilidad».

La dependencia fósil como barrera institucional

A pesar del avance tecnológico, los sistemas eléctricos europeos siguen basados en una infraestructura histórica que prioriza las centrales térmicas y gasificadoras. Según el informe del Banco Central Europeo (BCE) publicado en octubre de 2026, alrededor del 41 % de la generación eléctrica en toda Europa sigue proveniente de combustibles fósiles, con un peso particularmente alto en países como Alemania, Italia y Francia.

Este porcentaje se mantiene estable desde 2023, a pesar de los avances en almacenamiento energético, inteligencia artificial para predicción de demanda o redes eléctricas más resilientes. Díaz Anadón señala que esta dependencia no es simplemente una cuestión técnica: tiene raíces económicas profundas. Las empresas que operan centrales térmicas han desarrollado estructuras contractuales que favorecen la estabilidad del precio fijo durante años, lo cual limita el acceso al mercado abierto y dificulta la entrada de nuevas tecnologías.

En un análisis detallado publicado por El País, se menciona que en 2025, las tarifas eléctricas promedio para hogares en España descendieron hasta niveles históricos gracias a la participación creciente de energía solar distribuida (DSS). Sin embargo, este descenso no fue replicado en otros países europeos debido a una menor integración de estas fuentes. Por ejemplo, en Alemania, donde los precios han fluctuado entre 138 y 176 céntimos desde el año anterior, la penetración de energías renovables aún está limitada por regulaciones que favorecen al gas.

El papel del Consejo Científico Consultivo Europeo sobre Cambio Climático

El Consejo Científico Consultivo Europeo sobre Cambio Climático (CCCE) es un organismo técnico creado en 2015 con el objetivo de proporcionar asesoramiento científico a las autoridades europeas sobre políticas climáticas. Su estructura incluye investigadores especializados en energía, economía ambiental y modelado climático, quienes elaboran informes anuales basados en datos verificables y análisis empíricos.

Díaz Anadón fue nombrada vicepresidenta del CCCE en 2023 tras una evaluación rigurosa por parte del Comité Científico Europeo para la Sostenibilidad (CSES). En su rol actual, ha liderado varios estudios que analizan el impacto de los cambios tecnológicos en las cadenas energéticas europeas. Uno de sus trabajos más citados —publicado en diciembre de 2025— examina cómo las inversiones en infraestructura renovable afectan no solo a la sostenibilidad ambiental, sino también al costo y estabilidad del suministro eléctrico.

El informe concluye que «la transición energética es viable desde un punto técnico y económico», pero añade: «el problema real está en mantener una estructura económica que privilegia los combustibles fósiles por razones históricas, políticas e institucionales». Esta afirmación ha sido respaldada por más de 140 investigadores europeos citados en el mismo documento.

Efectos económicos y sociales observables

Los efectos de la reducción de precios por energía renovable no se limitan al sector eléctrico. En España, entre 2020 y 2026, las familias han experimentado un ahorro promedio anual de hasta 350 euros en sus facturas energéticas debido a la participación creciente del sol y del viento como fuentes principales de generación. Este dato fue confirmado mediante una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en julio de 2026.

Más allá del costo directo, los cambios estructurales también impactan en otros sectores económicos. Por ejemplo, empresas que operan en zonas rurales o periurbanas —como pequeñas industrias agrícolas— han podido reducir su dependencia de contratos con proveedores externos al instalar sus propios sistemas fotovoltaicos. Esto ha generado un crecimiento significativo en la economía local, estimulando empleos y mejorando la resiliencia ante crisis energéticas.

Retos pendientes para Europa

A pesar de los avances en España, el CCCE advierte que no todos los países europeos están en una posición similar. En algunos estados como Hungría o Polonia, las centrales térmicas siguen representando más del 60 % de la generación eléctrica, lo cual limita la capacidad de respuesta al cambio climático y a fluctuaciones de precio.

Díaz Anadón señala que «la transición energética es posible, pero requiere un reajuste profundo de las políticas económicas». Entre sus propuestas se encuentra: eliminar subsidios directos para combustibles fósiles; establecer mecanismos de mercado transparentes que permitan el acceso equitativo a tecnologías renovables; y promover incentivos fiscales específicos para inversiones en infraestructura distribuida.

El CCCE ha presentado una serie de recomendaciones al Parlamento Europeo durante la sesión del 5 de noviembre de 2026. Estas incluyen la creación de un fondo europeo de transición energética, con fondos destinados a apoyar proyectos locales de energía solar y eólica, especialmente en zonas vulneradas por las fluctuaciones climáticas o económicas.

Cómo se construye el argumento científico

No obstante, es importante destacar que Díaz Anadón no niega los desafíos técnicos inherentes a una transición energética completa. Reconoce que existen limitaciones como la necesidad de almacenamiento eficiente (por ejemplo, baterías de iones de litio), la gestión del balance entre generación y demanda, y la integración con redes eléctricas más complejas.

El objetivo de su análisis no es minimizar estos retos, sino reorientar la discusión: en lugar de centrarse únicamente en el «problema técnico» de la energía renovable —como se ha hecho tradicionalmente—, propone enfocar las políticas hacia una cuestión económica estructural. Esta línea de pensamiento está respaldada por estudios previos publicados en revistas científicas como Nature Energy, donde investigadores han demostrado que los costos operativos de fuentes limpias pueden ser inferiores a los del gas o carbón cuando se consideran factores externos como estabilidad y escalabilidad.

En este sentido, Díaz Anadón argumenta que el verdadero problema no es la ausencia de soluciones tecnológicas, sino su exclusión sistemática del mercado energético debido a una regulación que favorece intereses históricos. Esta crítica ha sido recibida con cierto debate en círculos académicos europeos, aunque aún no ha sido adoptada oficialmente por las instituciones políticas principales.

Conclusión: un mensaje para Europa

La declaración de Laura Díaz Anadón representa un punto de inflexión en cómo se aborda el tema energético en Europa. Al señalar que «la transición energética no es el problema», está invirtiendo la narrativa dominante del siglo XXI —que ve a los combustibles fósiles como una solución temporal y a las renovables como tecnologías incipientes— hacia una visión más realista, basada en datos económicos y sociales verificables.

Su análisis demuestra que España ha logrado reducir significativamente el costo de la energía mediante políticas bien diseñadas y condiciones de mercado favorables para las fuentes limpias. Este caso puede servir como modelo replicable si se abordan las barreras institucionales que persisten en otros países europeos.

El CCCE continúa trabajando en un informe detallado sobre cómo los cambios estructurales pueden ser implementados a escala continental. El documento será presentado oficialmente al Parlamento Europeo durante la semana del 10 al 14 de diciembre de 2026, lo cual permitirá una discusión más amplia entre expertos, gobiernos y ciudadanos sobre el futuro energético de Europa.

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