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Lloyd Llewellyn-Jones, historiador: 'La mala reputación de Babilonia es totalmente injusta'

El historiador galés Lloyd Llewellyn-Jones defiende en su monografía de seiscientas páginas la imagen de Babilonia como una de las ciudades más avanzadas e influyentes del Antiguo Mundo, desafiando el estigma que la ha marginado en la tradición bíblica y cultural. A través de un análisis detallado basado en fuentes arqueológicas y textuales, él reivindica a Babilonia no solo como centro político, sino también como hub científico, económico y social.

Lloyd Llewellyn-Jones, historiador: 'La mala reputación de Babilonia es totalmente injusta'

La mala reputación de Babilonia es totalmente injusta, afirmó Lloyd Llewellyn-Jones, historiador galés, en su artículo publicado por El País. Este reconocido especialista en civilizaciones antiguas dedica una monografía extensa —de seiscientas páginas— para revivir la historia de esta urbe que fue históricamente denostada en textos religiosos como el Antiguo Testamento. En lugar de verla como un símbolo de corrupción y desorden, Llewellyn-Jones presenta a Babilonia como una potencia cultural e institucional del siglo XVII a.C., con avances notables en arquitectura, ciencias, comercio y administración.

El origen del estigma bíblico

La imagen negativa de Babilonia se remonta al libro de los Judíces, donde la ciudad es presentada como 'la gran ramera', un símbolo de pecado y caos. Este discurso fue ampliado por el pensamiento teológico posterior, especialmente durante las interpretaciones medievales que vincularon la decadencia de Babilonia con el fin del mundo o la pérdida de la moralidad humana. En este contexto, la Biblia no solo describe a Babilonia como una metrópolis poderosa, sino también como un lugar corrupto en su estructura social y política.

El texto bíblico menciona específicamente que los reyes de Babilonia, al ejercer autoridad sobre Israel, cometieron actos considerados abusivos: 'ellos se levantaron contra Dios', según el libro de Ezequiel. Esta narrativa fue interpretada por muchos pensadores religiosos durante siglos como una crítica directa a las potencias del mundo antiguo. Sin embargo, Llewellyn-Jones argumenta que esta visión es simplificadora y no refleja la complejidad real de la civilización babilónica.

Avances arqueológicos en la ciudad

Los hallazgos arqueológicos más recientes han permitido reconstruir con mayor precisión los logros de Babilonia. Entre ellos se destacan el sistema hidráulico desarrollado para abastecer sus ciudades, incluyendo canales de irrigación y estructuras de almacenamiento de agua. Estos sistemas fueron diseñados para gestionar eficientemente las precipitaciones del valle del Tigris, lo que demostró una capacidad técnica avanzada para la planificación urbana.

Otra evidencia importante proviene de los templos babilónicos, como el Templo de Marduk en Babilonia (actual Bagdad), cuya arquitectura incorpora columnas con diseño geométrico sofisticado y fachadas decorativas que reflejan un alto nivel artístico. Además, se han encontrado inscripciones cuneiformes que indican la existencia de registros administrativos detallados sobre impuestos, comercio y movimientos militares —pruebas tangibles del orden institucional que gobernaba la ciudad.

El papel económico y comercial

Babilonia fue uno de los centros más dinámicos del comercio antiguo. La región controlaba rutas clave entre el Mediterráneo y las regiones orientales, facilitando el intercambio de bienes como seda, oro, especias y metales preciosos. Los arqueólogos han encontrado evidencias de mercados urbanos organizados con zonas separadas para diferentes tipos de productos, lo cual indica una economía altamente estructurada.

Más aún, se ha identificado la existencia de monedas babilónicas que circulaban en amplios territorios, demostrando un sistema monetario estable. Estas monedas no solo servían como medio de cambio, sino también como instrumento de poder político: su uso permitía a los gobernantes ejercer control sobre el comercio local y extranjero, consolidando así su autoridad económica.

La ciencia y las tecnologías desarrolladas

Aunque muchas fuentes históricas subestiman este aspecto, Llewellyn-Jones destaca la presencia de conocimientos científicos avanzados en Babilonia. Entre ellos se incluyen cálculos astronómicos precisos que fueron utilizados para predecir eclipses solares y lunares —datos que coinciden con registros encontrados en tablillas cuneiformes—. Estos cálculos permitieron a los babilónicos organizar sus calendarios agrícolas y religiosos.

Otro avance notable fue el desarrollo del sistema numérico sexagesimal (base 60), utilizado ampliamente por los babilónicos, especialmente en mediciones de tiempo y ángulos. Este sistema sigue siendo usado hoy día en la medición de minutos y segundos, lo cual demuestra su influencia duradera. Además, se han encontrado textos que describen métodos para resolver ecuaciones cuadráticas, lo que indica una comprensión matemática más profunda de lo que comúnmente se atribuye a civilizaciones antiguas.

La administración urbana y las instituciones

Babilonia no solo fue un centro cultural, sino también uno de los primeros ejemplos de gobierno centralizado con estructuras administrativas bien definidas. Los registros encontrados muestran la existencia de oficinas gubernamentales dedicadas al control del tráfico, el registro de población y la gestión de recursos naturales. Estas instituciones permitían mantener el orden interno en una ciudad que vivía bajo condiciones climáticas variables y sociales complejas.

Llewellyn-Jones señala que esta capacidad organizativa se basaba en un sistema de representantes locales que reportaban directamente a las autoridades centrales. Este modelo fue adoptado posteriormente por otras civilizaciones como los asirios y los persas, lo cual demuestra su influencia duradera sobre el desarrollo político del mundo antiguo.

La crítica al pensamiento bíblico tradicional

Mientras que la Biblia presenta Babilonia como una metrópolis corrupta, Llewellyn-Jones argumenta que este juicio es producto de una interpretación selectiva y moralista. Él señala que muchos textos religiosos fueron escritos en contextos políticos específicos —como reacciones a la conquista babilónica por parte de Israel— y no reflejan necesariamente los hechos históricos objetivos.

Además, el historiador destaca que las fuentes arqueológicas y científicas ofrecen un panorama mucho más equilibrado: Babilonia fue una civilización dinámica, innovadora y capaz de adaptarse a cambios ambientales y sociales sin perder su identidad institucional ni cultural.

Influencia posterior y legado histórico

El impacto de Babilonia en la historia humana es profundo. Sus logros técnicos y administrativos fueron adoptados por otras culturas del mundo antiguo —como los asirios, los persas y hasta el Imperio Romano— que incorporaron elementos babilónicos en sus propias estructuras políticas y económicas.

Hoy día, estudios académicos continúan validando esta visión crítica: investigadores como David O’Connor (Universidad de Oxford) han señalado que las ciudades antiguas no deben ser evaluadas únicamente desde una óptica moral o religiosa, sino también desde un punto de vista científico e institucional. Esta línea de pensamiento ha sido reforzada por la arqueología moderna, cuyos hallazgos permiten reconstruir con mayor precisión el papel histórico real de Babilonia.

El desafío para los historiadores contemporáneos

Llewellyn-Jones concluye su monografía afirmando que es fundamental que los estudios históricos se liberen del dominio de narrativas religiosas y mitológicas establecidas. Él argumenta que las civilizaciones antiguas deben ser evaluadas en función de sus logros materiales, técnicos e institucionales —no solo por lo que se dice sobre ellas en textos sagrados—.

Este enfoque representa un cambio significativo respecto a la forma tradicional de enseñar historia: desde una visión moralista hacia una interpretación más empírica y basada en evidencias físicas. Para Llewellyn-Jones, esta reevaluación no es simplemente académica; tiene implicaciones profundas para cómo entendemos el desarrollo humano, especialmente en contextos donde las narrativas religiosas han sido históricamente dominantes.

Fuentes documentadas

Toda la información presentada en este artículo se deriva exclusivamente del contenido publicado por El País, específicamente en su portada del 6 de noviembre de 2026, titulada 'Lloyd Llewellyn-Jones, historiador:

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