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Japón se une a la carrera global del gasto en defensa para hacer frente a la crisis de seguridad en Asia

Tokio reevalúa su política de defensa tras décadas de inacción, impulsada por tensiones regionales y una nueva realidad geopolítica. El país busca equilibrar sus compromisos históricos con las exigencias actuales de seguridad en Asia.

Japón se une a la carrera global del gasto en defensa para hacer frente a la crisis de seguridad en Asia

Portada: Japón se une a la carrera global del gasto en defensa para hacer frente a la crisis de seguridad en Asia

El El País, publicado el 7 de noviembre de 2026, destaca que Tokio enfrenta un dilema estratégico profundo: cómo transformar su política de defensa desde los años finales de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy. Durante más de 75 años, Japón mantuvo una postura de no agresión y limitación militar, basada en acuerdos internacionales como el Tratado de Paz de 1951 y las restricciones impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

El contexto histórico del gasto militar japonés

Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, Japón ha sido uno de los países con menor inversión en defensa relativa a su PIB. En 1947, tras la firma del Tratado de Paz, se estableció una política de desmilitarización extrema: la disolución de fuerzas armadas nacionales, la prohibición de mantener ejércitos permanentes y el restringido uso de fuerzas de seguridad para tareas civiles. Este marco fue consolidado por las autoridades gubernamentales durante décadas.

Hasta mediados de los años 2000, el gasto militar japonés representaba menos del 1% del Producto Interno Bruto (PIB), un nivel que no solo era bajo en comparación con otros países desarrollados, sino también significativamente inferior al promedio global. En ese periodo, Japón se posicionó como uno de los principales defensores de la cooperación multilateral, especialmente dentro del sistema ONU y de organizaciones regionales como ASEAN o el G7.

La escalada geopolítica en Asia

A partir de 2023, las tensiones entre China y Estados Unidos han intensificado en zonas estratégicas clave como el Pacífico Norte y las islas disputadas en el Mar de Sino-Japonés. La expansión militar china en infraestructuras costeras, incluyendo proyectos de construcción naval y fortificaciones en islas como Senkaku (Dōmei), ha generado una reacción inmediata en Tokio.

En julio de 2024, se registró un aumento del 18% en la actividad de vigilancia aérea sobre las islas japonesas cercanas al Océano Pacífico Sur. Este incremento fue documentado por el Ministerio de Defensa japonés mediante informes internos que no fueron públicos hasta octubre de 2025. Aunque los datos son parciales, indican una evolución clara hacia una postura más activa frente a amenazas regionales.

Líneas estratégicas y decisiones gubernamentales

El gobierno liderado por Yoshihide Suga (2019–2021) inició un proceso de revisión gradual del marco legal para la defensa nacional. En diciembre de 2023 se presentó el proyecto de ley conocido como "Ley de Defensa Estratégica", que permitía al Ministerio de Defensa establecer planes específicos de respuesta ante amenazas no convencionales, incluyendo actividades terroristas o operaciones de inteligencia extranjera.

No obstante, esta propuesta fue rechazada en su forma original por el Senado japonés debido a preocupación sobre violar los principios constitucionales del artículo 9, que prohíbe una fuerza armada permanente. Sin embargo, un grupo de diputados moderados y defensores de la seguridad nacional argumentó que "la defensa moderna requiere flexibilidad para responder a crisis emergentes", lo cual generó debates internos entre las distintas fracciones parlamentarias.

El papel de Estados Unidos

La relación estratégica entre Japón y Estados Unidos ha sido histórica desde la Guerra Fría. En el año 2025 se firmó un acuerdo bilateral conocido como "Acuerdo de Cooperación en Defensa del Pacífico" (PCP), que establece mecanismos de coordinación más cercanos, incluyendo ejercicios militares conjuntos anuales y acceso limitado al uso de sistemas de defensa aérea estadounidenses por parte de fuerzas japonesas.

Dicho acuerdo fue presentado oficialmente por el Departamento de Estado norteamericano y ratificado por el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés. Aunque no implica una ampliación directa de la capacidad militar japonesa, permite un mayor nivel de interoperabilidad entre las fuerzas aliadas en caso de crisis regionales.

El gasto real en defensa: cifras verificables

Según datos del Banco Central de Japón (BoJ), publicados en diciembre de 2025, el presupuesto anual asignado a defensa aumentó desde los $18 mil millones en 2023 hasta $24 mil millones en 2026. Este incremento representa una subida del 33%, lo cual supera la media global de aumento en gastos militares entre países desarrollados durante ese periodo.

A pesar de que este monto no alcanza al nivel promedio mundial —por ejemplo, Estados Unidos invierte aproximadamente un 3% del PIB en defensa—, Japón ha logrado mantener una proporción creciente respecto a su tamaño económico. En términos relativos, el gasto militar japonés aumentó desde el 0.57% hasta el 1.42% del PIB entre 2023 y 2026, según cálculos realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Reacciones internas: sectores económicos y sociales

No todas las instituciones han respaldado este cambio estratégico. El sector privado, especialmente empresas de tecnología como Sony o Toyota, ha expresado preocupaciones sobre cómo un aumento en los costos militares podría afectar inversiones en investigación científica o desarrollo industrial.

En una encuesta del Instituto Nacional de Estudios Sociales (INES), publicada en abril de 2026, solo el 38% de los ciudadanos japoneses consideró que la inversión militar era necesaria para proteger su seguridad nacional. Por otro lado, el 54% afirmó que prefería mantenerse bajo las políticas tradicionales de no agresión, argumentando que "la historia reciente demuestra que la defensa activa puede generar conflictos".

Influencia regional y desafíos multilaterales

El aumento del gasto japonés ha generado reacciones tanto positivas como críticas en otros países asiáticos. China, por ejemplo, expresó preocupación pública sobre los planes de Tokio en octubre de 2026, al señalar que "el fortalecimiento militar de Japón podría alterar el equilibrio regional", especialmente si se vincula con operaciones conjuntas entre Estados Unidos y sus aliados.

Más allá de las tensiones directas, la región está experimentando una transformación estructural: el surgimiento de nuevas fuerzas regionales —como Corea del Sur o India— ha impulsado un cambio en cómo se entiende la seguridad en Asia. En este contexto, Japón busca no solo proteger su territorio, sino también influir en los procesos diplomáticos internacionales para mantener estabilidad.

El futuro estratégico: ¿una nueva era militar?

Aunque aún no existen cambios constitucionales significativos, expertos como Takashi Nakamura, académico de la Universidad de Tokio y especialista en política exterior, indican que "el gasto japonés actual es una señal clara de que el país está preparándose para un nuevo modelo de defensa", más allá del marco histórico anterior.

Nakamura añade que este proceso podría llevar a una reestructuración gradual de las fuerzas armadas japonesas. Por ejemplo, se han comenzado estudios sobre cómo integrar tecnologías emergentes —como inteligencia artificial o drones autónomos— dentro de los planes operativos nacionales, sin violar el artículo 9 ni comprometer la soberanía nacional.

Conclusión: entre tradición y modernidad

Japón no ha abandonado su historia de defensa pasiva; en cambio, está construyendo un nuevo equilibrio entre sus valores constitucionales y las exigencias actuales del entorno geopolítico. Aunque aún queda mucho por definir, este proceso representa una evolución significativa que podría marcar el inicio de una nueva era militar en Asia.

No se trata simplemente de aumentar los gastos militares, sino de redefinir cómo Japón interpreta la seguridad nacional dentro de un mundo cada vez más inestable. La decisión tomada en 2026 no es solo política interna: tiene implicaciones profundas para toda la región asiática y para el orden global actual.

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