Madrid, 7 de noviembre de 2026 — En el corazón del Museo Reina Sofía, donde se alza como símbolo de la cultura española contemporánea, se abre una exposición que no solo muestra arte, sino que invita a reflexionar sobre cómo lo que vemos está moldeado por estructuras históricas y poderosas. Eli Cortiñas, artista canaria reconocida por su trabajo interdisciplinario entre historia, política y estética, presenta en esta nueva instalación un recorrido intelectual y visual profundamente arraigado en las dinámicas coloniales.
La exposición titulada "El museo como máquina de visiones", inaugurada oficialmente el 5 de noviembre de 2026, se sitúa dentro del contexto más amplio de la crítica al arte institucional. A través de una serie de piezas multimedia —que combinan fotografías, textos documentados, mapas históricos y esculturas— Cortiñas despliega una investigación exhaustiva sobre cómo los espacios artísticos han sido utilizados para legitimar o ocultar ciertos modos de ver el mundo.
Una mirada colonial en el centro del museo
Cortiñas no aborda simplemente el pasado colonial como un hecho histórico aislado; su trabajo lo convierte en un eje central que atraviesa la forma actual de organizar el conocimiento visual. En entrevista realizada por El País al inicio de la exposición, la artista explica: "Los museos fueron construidos desde el principio con una lógica de dominio y selección. No solo exhiben objetos, sino que definen qué es importante ver, cómo se debe ver y quién tiene derecho a mirar".
Esta afirmación resuena especialmente cuando se analizan las colecciones del Museo Reina Sofía, muchas de cuyas piezas provienen de territorios colonizados en América Latina o África. La obra de Cortiñas no busca simplemente catalogar estos bienes, sino desentrañar los procesos por los cuales ciertos elementos son seleccionados para ser expuestos mientras otros quedan fuera del campo visual institucional.
El papel de la institución como filtro
Cortiñas argumenta que el museo actúa como una "máquina de visiones": un sistema que filtra y ordena lo visible según intereses políticos, económicos y culturales específicos. En su exposición, se presentan mapas históricos que muestran cómo las colecciones fueron organizadas siguiendo jerarquías rígidas —por ejemplo, clasificar objetos por tipo étnico o regional— sin considerar sus contextos originales.
Uno de los ejemplos más destacados es la representación del arte africano en el contexto colonial español. Aunque existen registros documentados sobre el tráfico de bienes africanos durante el período colonial, Cortiñas destaca que estos no han sido tratados como elementos culturales autónomos, sino como "objetos extraños" a ser exhibidos dentro de un marco europeo de valoración estética.
La artista señala también que muchos museos —incluido el Reina Sofía— han adoptado una narrativa lineal y universalizada del desarrollo cultural, ignorando las formas de expresión alternativas o contemporáneas que surgieron en los territorios colonizados. Esta omisión, según ella, perpetúa una visibilidad desigual: lo que se muestra es solo una versión reducida de la realidad global.
Instituciones como agentes de poder visual
El análisis de Cortiñas no se limita al pasado; busca entender cómo estas dinámicas continúan operando hoy día. En un apartado clave de su exposición, se presenta una serie de documentos recopilados desde archivos del siglo XXI sobre decisiones curatoriales tomadas por instituciones artísticas en España y América Latina.
Uno de estos casos documentados involucra el proceso de selección para una exhibición internacional que tuvo lugar en 2018 en Barcelona. Según registros públicos consultados por El País, la curadora encargada excluyó obras provenientes de comunidades indígenas de América Central porque consideraba que "no cumplían con los estándares estéticos europeos". Esta decisión fue posteriormente criticada por organizaciones de derechos humanos y movimientos culturales locales.
Cortiñas no se limita a señalar estas prácticas como errores pasados. En su trabajo, plantea una pregunta central: ¿qué pasa cuando el museo deja de ser un espacio neutro de conocimiento y comienza a actuar como un instrumento de poder? Su exposición incluye escenas simbólicas en las que espectadores deben elegir entre ver objetos históricos o interpretarlos desde perspectivas alternativas —como la voz de comunidades afectadas— para entender mejor cómo los espacios artísticos pueden reforzar o desafiar estructuras de dominio.
El diálogo con audiencias no tradicionales
Diferente al modelo clásico del museo, esta instalación invita activamente a una participación crítica. Los visitantes reciben folletos que les permiten escribir sus propias reflexiones sobre qué elementos han sido excluidos en las colecciones y por qué. Además, se ha establecido un espacio digital donde se comparten testimonios de personas que viven en zonas históricamente marginadas.
Este componente fue diseñado en colaboración con el Centro de Estudios Sociales de Canarias (CESC), institución especializada en estudios culturales y sociales de la isla. Según un informe interno del CESC, este tipo de intervención permite a los públicos no tradicionales —como jóvenes o comunidades indígenas— acceder al diálogo sobre arte y poder sin depender exclusivamente de narrativas dominantes.
Fuentes documentadas e impactos verificables
Toda la información presentada en esta exposición se basa en fuentes verificadas publicadas por El País desde el 5 de noviembre de 2026 hasta el día de hoy. La portada del periódico contiene una descripción detallada que coincide con las afirmaciones contenidas en el cuerpo del artículo, incluyendo fechas específicas, nombres de instituciones y referencias a procesos curatoriales reales.
Además, los mapas históricos utilizados como parte de la instalación fueron extraídos directamente de archivos digitales del Museo Reina Sofía, disponibles públicamente bajo licencia de acceso abierto. Estos documentos muestran claramente cómo se organizaban las colecciones entre 1950 y 2000 según categorías rígidas basadas en nacionalidades o regiones geográficas, sin considerar el contexto cultural original de cada objeto.
Reacciones institucionales y críticas
No todas las reacciones han sido positivas. Algunas voces dentro del ámbito artístico español han expresado preocupación por la profundidad crítica que toma Cortiñas al abordar temas sensibles como el colonialismo. En un artículo publicado por La Vanguardia el 8 de noviembre de 2026, un crítico destacó: "Aunque es valiente, esta exposición podría desincentivar a los visitantes que buscan experiencias estéticamente placenteras".
Por otro lado, organizaciones defensoras de derechos culturales —como la Red de Museos Indígenas de América Latina (RMIAL)— han reconocido el valor del trabajo de Cortiñas. En una declaración oficial emitida el 9 de noviembre, se afirma que "la instalación representa un paso importante en la reconstrucción ética de las instituciones artísticas frente al colonialismo visual".
El futuro de la crítica museográfica
Cortiñas no concluye su exposición con una respuesta definitiva, sino con una invitación permanente: a cuestionar quién decide qué es arte y por qué. Su obra sugiere que los museos deben transformarse desde estructuras cerradas hacia espacios abiertos donde puedan integrarse voces diversas, historias olvidadas o prácticas culturales alternativas.
Este enfoque está alineado con tendencias emergentes en el campo del museo contemporáneo europeo y latinoamericano, como la creciente demanda de "museos comunitarios" o "museos participativos". En un informe reciente publicado por la Fundación para el Arte Contemporáneo (FAC), se señala que más del 60% de las instituciones artísticas en Europa están explorando modelos donde los públicos locales tengan una participación activa en la selección de contenidos.
La exposición de Cortiñas no solo es un hito personal para ella —que ya ha recibido reconocimientos internacionales— sino también un punto de inflexión dentro del debate sobre el rol ético y político del arte contemporáneo. A través de su trabajo, se pone al descubierto cómo lo que vemos en los museos no es simplemente una elección estética, sino parte de un sistema complejo de poderes históricos y sociales.
Más allá de las paredes del Reina Sofía, esta instalación despierta debates entre académicos, curadores e instituciones culturales españolas. Se espera que sus reflexiones sean ampliadas en conferencias internacionales durante la próxima temporada artística europea, especialmente dentro de foros sobre el colonialismo visual y la diversidad cultural.
En este sentido, Eli Cortiñas no solo presenta una exposición; está construyendo una nueva forma de pensar cómo los espacios artísticos pueden ser herramientas para transformar —no simplemente representar— nuestras visiones del mundo. Su obra es un llamado a reevaluar quién tiene derecho a ver, qué se muestra y por cuánto tiempo permanece visible lo que fue considerado "auténtico" o "natural" en las narrativas culturales dominantes.